lunes, 22 de septiembre de 2008

Jadeando y encharcada (1ª parte)



Hace rato que me pierdo por tu pecho, pareces tan relajado... me embriago con tu aroma, con tu sudor, por fin estás tan cercano. Tu ombligo es un cráter que me divierte y dejo caer la saliva hasta llenarlo... y la succiono otra vez y vuelvo a dejar que caiga, hasta que comienzo reptar hacia tu pelvis con los labios. Lamo, apenas con la punta de la lengua, sin acercarme demasiado a tu falo, recorro las ingles, las chupo... no se si podré evitarlo.... comienza a presentarse altivo, estás sintiendo mi tacto, la humedad de mi boca tan cerca.... me pierdo entre tus muslos, mi pelo queda enredado.

Con los dedos lo deslías, para volver a liarlo, bucles y caracolas, enredado por tus manos, y presionas contra ti la cabeza y ya sin poder evitarlo, subo cuan loba hambrienta a por el lechal deseado. Por fin la roza mi lengua, la aprieto en los labios, la chupo la muerdo la lamo y tiras de las riendas separándome, bien fuerte, firme, ofuscado. ¿Tomas sin pedir permiso, acaso te lo he regalado? Incorpórate, que ahora si te voy a hacer un regalo.


Y sin verte presiento tu furia, sin tocarte siento tu enfado, aún con las manos en la espalda quedo en pie, esperando. Y no se lo que me espera, creo que me estoy asustando, tu voz ha sido tan fuerte, pero lo estoy deseando... quizás mi inconsciente buscaba tu valor y por eso así he obrado. Rozas muy suave los pechos, aun me duelen de hace rato, tocas mi sexo y te mojas, metes tus dedos por mis labios... y te alejas apenas unos segundos como lo hace un atleta antes de dar el salto.

De nuevo es tu cinturón el que curte mi piel, me golpeas los doloridos pechos, me giras y con ahínco das cuenta de mi trasero, después los muslos, los brazos, cada vez mas fuete, a veces deprisa, otras despacio y es entonces cuando me siento mas fuerte porque consigo acallar el llanto, pero me cuerpo se incendia a cada nuevo cintazo. Me tomas del pelo fuerte y cae mi cuerpo arrodillado, sueltas mis manos, me colocas con la frente en la alfombra y con los brazos estirados, sigues tu festín de azotes, ya no contengo el llanto.

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