martes, 23 de septiembre de 2008

Jadeando y encharcada (2ª parte)

De nuevo es tu cinturón el que curte mi piel, me golpeas los doloridos pechos, me giras y con ahínco das cuenta de mi trasero, después los muslos, los brazos, cada vez mas fuete, a veces deprisa, otras despacio y es entonces cuando me siento mas fuerte porque consigo acallar el llanto, pero me cuerpo se incendia a cada nuevo cintazo. Me tomas del pelo fuerte y cae mi cuerpo arrodillado, sueltas mis manos, me colocas con la frente en la alfombra y con los brazos estirados, sigues tu festín de azotes, ya no contengo el llanto.


Gimo a cada nuevo golpe, un grito seco, entrecortado, el cuerpo se descompone, intento sutilmente esquivarlos, y a cada traición aumenta tu furia y es mas fuerte el siguiente latigazo. Aprendo a estarme quieta, muy quieta.... a recibir lo deseado. He dejado de ser fuerte, me descubro gimoteando... y a golpes arrancas de mi voz la suplica, pidiendo perdón, suplicando, de rodillas estirada en el suelo, sin ver nada... y suplicando.


Diciendo que he aprendido, que no tomare nada que no me hayas dado, pero no cesas y cada chasquido me hace mas daño. Tengo la espalda muy roja, el culo quizás morado, los muslos los imagino granates, el pelo alborotado, mis manos se agarran al suelo clavando las uñas y dejas el cinto de lado, noto por tu calor que te agachas y comienzas con la mano a hurgar por mis entrañas, no has de esforzarte demasiado.... ¿dime porque suplicas que cese si te toco y aquí hay un charco...? más bien creo que te gusta.... sigamos los dos disfrutando. Quiero que jadees como un animal porque se que te está gustando.


Se agita tu respiración, puedo sentirte alterado. Se que deseas azotarme, que tus demonios están vibrando, que estas feliz y contento, que te deleitas con mi llanto. Tus palabras me ponen cachonda y empieza otra vez el calvario, con fuerza recorres mi cuerpo, a veces con el cinto, otras con la mano y yo jadeo aunque me duele, con la lengua fuera, demostrando lo que soy y al punto que me has llevado. Noto cada poro de la piel hinchado, sin vergüenza, sin pudor... más mansa cada vez que recibo del cinto el abrazo. Porque esto es lo que soy y lo que te provoco, lascivia y deseo en el más puro estado. Sin prejuicios y ya sin temor, así deseo estar frente a ti... sometida y jadeando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sencilamente delicioso y bello. Una gran mujer que sabe recibir lo que a su condición femenina corresponde, con alegría, amnsedumbre, sumisión. Es una gran mujer, mi admiración.

Rubias dijo...

muy caliente y sexy gracias