jueves, 22 de octubre de 2009

Puta y sumisa, con otra puta



Fuimos a un club de carretera; a un club de putas que hay en las afueras y al que tú te habías empeñado ir. Querías ver a las putas, ver cómo trabajaban, para sentirte una más. Y cuando llegamos nos sentamos en la barra y algunas de ella se acercaron para servirnos, para ver si las invitábamos, pero sólo te permití que invitarás a una morena con un cuerpazo escultura, con curvas, que nos atendió de maravilla y nos preguntó que hacíamos allí, qué buscábamos.

Y yo le comenté lo que tú deseabas: querías sentirte puta porque tú eras mi puta sumisa, mi zorra caliente, que quería sentirte puta de verdad en un club. Y ella, que se llamaba Carmen, según nos dijo, nos confesó que ese deseo era muy común y que eran muchas las mujeres que acudían allí con la misma fantasía. Pero mi chica es puta, le aclaré a Carmen, pero siempre como una faceta más de su sumisión, por lo que sólo hará lo que yo le diga.

Y ella estuvo de acuerdo y nos dijo el precio del servicio, de una hora con ella, que tú pagaste de tu bolsillo, como es natural- Y luego nos fuimos a un reservado que había al fondo, subimos por unas escaleras y llegamos a una de las habitaciones. Y allí tú misma tomaste la iniciativa, la desnudaste para mí y me la ofreciste para que me la follara. Y eso hice, pero cuando hube terminado te obligue a que te la follarás a ella delante de mí pues quería verte de puta, pero de puta de otra mujer.

Y tú te lanzaste sobre ella y te la comiste enterita, porque te la follaste como jamás te había visto follar con otra. Eres tan puta que te ponía mucho follarte a otra puta como tú y en su lugar de trabajo, en el lugar de su oficio. Y cuando conseguiste que ella estuviera excitada, te volviste a mí y me la ofreciste para que me la follara. Y eso volví a hacer, delante de ti, mientras tú me decías que me amabas y me suplicabas que te hiciera aún más puta.

No era difícil hacerlo porque lo eres, lo llevas dentro y los dos lo sabemos, por lo que después de correrme de nuevo, cansando y exhausto, ya no tuve fuerzas para azotarte el culo, como suelo hacer, y le di mi correa a la chica, a la puta, para que te lo azotara. Pero antes me eché boca arriba en la cama, te atraje hacía a mí para que quedaras encima de mí, cara a cara, y mientras te besaba en los labios y te decía que te quería, Carmen comenzó a darte correazos en el culo.

Te corriste varias veces porque no parabas de gemir sobre mi cara, mientras te besaba y tú sacabas más el culo para ofrecerlo y que ella te diera más, con más tino, por lo que con tanto movimiento de tu pelvis me acariciabas la polla y terminé por correrme de nuevo, mientras te besaba y tú volvías a correrte mientras otra puta te azotaba el culo.
Y luego nos fuimos a casa para dormir juntos abrazados, como solemos hacer siempre a lo cucharita.

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