lunes, 22 de noviembre de 2010

Expuesta y abierta para ser usada



Ya no estás, pero todavía guardo tus escritos, los correos que me enviabas y tu recuerdo cuando me decías:

"Me cuesta trabajo andar por casa con tacones, siempre con tacones e incluso me has dicho que quizás tenga que dormir con ellos para que me acostumbre, para que no pueda volver a ir jamás baja. Para que si me pongo zapatillas me duelan las pantorrillas y tenga que ponerme forzosamente los tacones para aliviarme.

Y el otro día que me los quité y me sorprendiste sin ellos, me pusiste de rodillas cara a la pared, con unas pinzas en los pezones y con los brazos en cruz y unos cuantos libros en las palmas de las manos. Y luego te fuiste y me dejaste allí quieta para que reflexionara.
Y cuando volviste me quitaste las pinzas, me diste un dulce beso, me dijiste que me querías y me echaste desnuda sobre la mesa del comedor y me ataste a las cuatro patas para dejarme allí expuesta, con mi coño abierto, ofrecido y a tu servicio para cuando quiertas servirte de él, para que cuando quieras follarme sólo tengas que acercarte, bajarte los pantalones, metérmela y follarme a tu gusto sirviéndote de mí, de tu puta sumisa.

Y eso hiciste. Me follaste con frenesí, golpeando la punta de tu polla contra el fondo de mi útero y cuando te corriste, me la metiste en la boca para que te limpiara y te fuiste de nuevo a la calle dejándome allí para que reflexionara sobre mi actitud, para que pensara en lo que hago y en lo que supone ser tu sumisa incondicional.

Y digo incondicional porque es lo que yo quiero ser, aunque a veces tenga miedo. Y no de ti, sino de mí misma. Tengo miedo de lo que pueda llegar a desear, de lo que pueda llegar a suplicarte".

1 comentario:

Anónimo dijo...

un blog exelente felicidades!