domingo, 13 de febrero de 2011

Te suplico que me emputezcas

Ya no estás, pero todavía guardo tus correos; aquellas misivas que me enviabas cuando estabas sola y me echabas de menos; cuando te sentías como una perra salida y querías más, mucho más.

Algo a lo que yo siempre me negué porque los límites los marco yo y nunca cedo a la dictadura del sumiso que además, suele desvariar en sus fantasías sin darse cuenta de que una cuestión es la fantasía y una la realidad. Que hay fantasías que nunca se pueden llevar a cabo y hay que dejarlas ahí, en la fantasía. Pero tú me insistías una y otra vez:

"Soy la puta, perra y zorra de mi Amo Antonio al que me entrego para que obtenga de mi el placer de una perra salida y de todos los beneficios de ser mi Amo, mi chulo, mi macarra, mi proxeneta. Me prostituyo por él y para él, para gozar como una cerda de todas las pollas que me salgan al paso porque me muero por ser puta, por follar, por ser zorra y meter en mi caliente coño todas las pollas que quieran follarme.

Mi emputecimiento no tendrá fin y cada día será más zorra y más puta. Porque sólo quiero tener voluntad para entregarme y suplicar que me emputezcas, que me hagas cada día más zorra y que tu emputecimiento no tenga límites y que así sólo sólo sea una propiedad pública que los demás usan a su antojo, previo pago de un estipendio a esta puta que cobra por follar y sacar dinero para su Amo".

Y lo fuiste. Una pena que tuviéramos que separarnos.

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