sábado, 15 de enero de 2011

Lola el putón (III)



Al día siguiente cuando me desperté vi que me chupabas la polla para que tuviera un placentero despertar, tal y como te había indicado la noche anterior. Te esmerabas en ello, mientras me decías que era mi perra, mi puta, mi zorra y mi putón verbenero.

- Emputéceme, mi Amo -me dijiste un poco antes de que me corriera en tu boca y tú te tragaras el semen con delectación. Relamiéndote los labios como suele hacer una buena perra con la leche de su amo.
- Lo haré, no te preocupes, pero poco a poco.

Y me levanté, te dije que ordenaras la habitación y que te quedaras vestida solo con los zapatos de alto y fino tacón y el delantal de doncella francesa. Te puse además unas pinzas en los pezones para sensibilizártelos. Y te dejé allí, de rodillas, cara la puerta de entrada mientras yo bajaba a la cafetería para vérmelas con los congresistas. La mayoría estaban desayunando y me senté en la mesa de unos que vi que parecían los más adecuados. De buena planta, pero la mayoría casados, que era lo que yo buscaba por aquello de la discreción.

Un casado tiene que guardar silencio por la cuenta que le trae y al tener un matrimonio, generalmente aburrido, es más proclive a prestarse a otras aventuras. Hice amistad con tres de ellos y saqué la conversación de su situación matrimonial. Les comenté si omo era habitual en esos congresos, por la noche se iban a ir por ahí de copas o putas. los tres me dijeron que pensaban ir a un club de putas. Yo les dije que tenía una mujer sumisa que era un putón verbenero, una perra sumisa, una zorra y una puta de lujo. No pensaba cobrarles, ni mucho menos porque ella lo hacía gratis.Así que les propuse una partida de póquer en la que yo pondría a la perra en vez del dinero.



Sobarla por todo el cuerpo valdría 30 euros. Una mamada en las tetas 50 euros. Tocarle el coño 75. Que ella les chupara la polla 100 euros. Y follarla 150. Ellos podrían dinero de verdad y yo la pondría a ella. Aceptaron de inmediato y quedamos para después de la cena. Lo que ellos no sabían es que yo no tengo ni idea de jugar al póker e iba a perder, porque quería entregar a mi sumisa, ver sus límites, conocer su grado de entrega a mí y esa era el mejor método.

Les había dejado claro que ella era mía en propiedad y que sólo cedía su uso provisional. Ella llevaría además un collar y una cadena que yo tendría siempre agarrada de su extrema para que aunque estuviera follando con otro, permaneciera atada siempre a mí, a su Amo. Aceptaron, claro.

Y se presentaron en la habitación a la hora acordada donde tú, Lola, el putón, les abriste la puerta vestida con los zapatos de tacón, el delantal, la correa en el cuello y la cadena. Me acerqué a ti, te besé con ternura, te pregunté si querías seguir y tu cabeceaste ansiosa. Bajé mi mano a tu coño y estabas mojada. Todavía no habías empezado y ya estabas mojada como una perra en celo.

Nos sentamos en la mesa y empezamos a jugar. La primera partida perdí yo, por supuesto y el ganador se ganó sobarte por todo el cuerpo, apretarte las tetas, tocarte el culo, abrirte los muslos y acariciarte el coño, mientras tú levantabas la cabeza y gemías de placer. Estabas mojada, muy mojada y a punto de correrte, porque eres tan perra y tan zorra que te corres con suma facilidad.

Las siguientes partidas las fui perdiendo tanto porque yo no sé jugar al póquer, como por el hecho de que me dejaba ganar cuando tenía buenas cartas. Así que te sobarán los tres a la vez, te pasaron sus manos por todo tu cuerpo, te tocaron el coño, te chuparon las tetas y tú te corrías y corrías sin parar. Los jugos de tu coño de perra te caían por los muslos y ellos se dieron cuenta. Querían follarte.

Estaban locos por usarte y te dije que te pusieras a cuatro patas delante de nosotros y movieras tu culo en círculos de puta para darles a entender que estabas en celo, que tu coño de perra estaba listo para ser follado.

Y seguimos jugando más fuerte, con apuestas de más dinero pues ellos querían follarte. Y volví a perder y mientras el primer ganador te follaba en el suelo a cuatro patas, seguí jugando con los otros para volver a perder y que el siguiente ganador sustituyera al otro. Y así estuvimos parte de la noche. Tú a cuatro patas y siendo follado por uno y por otro pues se iban turnando y su leche que te salía del coño ya caía por tus muslos y estaba encharcada junto a tus rodillas.

No sé las veces que te follaron. Perdí la cuenta. No sé los orgasmos que tuviste, pero tuvieron que ser muchos a tenor de las guarradas que me decías.
- Gracias Amo por emputecerme -me decías siempre cuando te corrías con uno.
- Gracias Amo por enseñarme a ser tu puta.
- Te suplico mi Amo que me empuitezcas más, que me hagas más perra.
- Gracias Amo por permitirme ser tu perra, por dejar que me usen, por permitir que me sienta usada para el placer de los demás.
- Gracias Amo por convertirme en un servicio público para que los dermás disfruten de mis tetas, de mi culo, de mi coño, de mi sumisión de perra en celo.

Y yo asentía y te respondía con un tirón de la cadena, hasta que caíste derrengada al suelo, entre el charco de semen y vi que tenías el coño hinchado. Era el momento de dejarlo, aunque les aposté a que mi sumisa estaba tan bien adiestrada que podría adivinar con los ojos cerrados de quiíen era la polla que chupaba. Me jugué 500 euros por cabeza. Y aceptaron.

Fuimos a un club swinger con Gloty Hole y te puse al otro lado de la pared en la que estaba el agujero. Ellos se pusieron en cola al otro lado y fueron metiendo la polla uno a uno, mientras tú las mamabas y chupabas procurando adivinar de quién era cada polla.

Y los adivinaste. No te equivoscaste en ninguno, pese a que yo los cambiaba de orden en la cola para confundirte. Y acertabas. Lo sabía, porque confiaba en ti, en tu capacidad de perra, zorra y puta y sabía que acertarías. Me dieron 1.500 euros y se marcharon satisfechos por lo que habían disfrutado.

Y entonces te saqué de allí, te llevé al hotel, subimos a la habitación y te cogí en brazos para llevarte a la bañera. Te duché y dejé que descansaras en la cama junto a mí. No quería forzarte a nada más porque te veía derrotada. Pero no conocía lo perra que eras, es obvio, porque al rato me cogiste la polla, me la chupaste, me pusiste duro y te subiste encima de mí para clavarte y follarme.

- Gracias, Amo, por dejar que sea tu perra, tu zorra. Gracias Amo por permitirme ser lo que soy -me dijiste mientras nos corríamos y nos quedábamos luego abrazados para dormir y pasar la noche juntos, muy juntos.

Al día siguiente te di 750 euros, la mitad de lo ganado, porque te lo merecías.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ne nea neas neneas