sábado, 5 de febrero de 2011

Una puta zorra de guardia las 24 horas (I)

A veces es imposible convivir contigo, mi sumisa, porque eres muy absorbente, y posesiva, y necesitas que esté pendiente de ti todo el día. Y por eso, cuando trabajo en el ordenador y has terminado todas las tareas domésticas que sueles hacer vestida sólo con zapatos de alto tacón y un delantalito de doncella francesa, te sueles arrodillar entre mis piernas para bajarme la cremallera y meterte mi polla en la boca.
- Fóllate mi boca de puta, Amo.
- Lo haré, pero tienes que esperar un momento a que termine.

Pero tú eres impaciente, no esperas y la coges y me la chupas para ponérmela dura, mientras me dices guarradas como que eres una puta zorra; una zorra permanentemente excitada, expuesta y ofrecida para que te follen.
- Quiero que mi coño sea como las farmacias y que esté siempre de guardia para ser follado, para ser usado, porque quiero ser tu puta permanente.
- Lo serás.
- Lo necesito, mi Amo, necesito ser tu puta abierta las 24 horas.
- Ya lo eres, siempre estás a mi disposición, expuesta, exhibida y ofrecida por si te necesito.
- Pero quiero más, mi Amo.
- ¿Más?
- Sí, quiero que me emputezcas.
- Ya lo eres, cariño. Eres puta desde que naciste, lo llevas dentro y siempre lo has sido. Yo sólo he sacado lo que tú llevabas dentro.

Porque es cierto. Cuando la conocí era una chica recatada que hacía el amor de la forma habitual, en la postura del misionero y no era un prodigio de desenfreno pasional. No lo daba a entender, claro, aunque luego supe que tenía fantasías de ser una puta zorra sumisa. Pero le daba miedo.

Tenía miedo a entregarse a esas fantasías, que fueran una droga y que no pudiera dejarla. Así que un día le dije que la iba a castigar si seguía siendo tan mala follando en la cama. Y no dijo nada, pero se esmeró más. Y otro día le dije que la iba a castigar por ser mala, por ser tan pudibunda y por follar tan mal, y ella no dijo nada. Bajó la cabeza y se ruborizó.



Así que la cogí, la doblé sobre una mesa que había a la entrada y le levanté la falda, le bajé las bragas y le separé las piernas. Y luego me aparté para mirarla y la vi allí quieta, con el culo en pompa, las bragas bajadas hasta los tobillos y los muslos separados. Y quieta, sin moverse lo más mínimo, así que cuando me agaché para mirarla, no me extrañó verla con los ojos cerrados y con una sonrisa de gozo.
- Voy a la calle, pero cuando vuelva quiero verte aquí en la misma postura, sin moverte. Eres libre para moverte porque no estás atada.

Pero no dijo nada y bajé a la calle para tomar un café. Tardé media hora más o menos para que tuviera tiempo de levantarse, si quería, y subí al piso, abrí la puerta y le encontré tal y como la había dejado, doblada sobre la mesa, con el culo en pompa y las bragas bajadas.

Y me fui al otro lado de la mesa, la felicité por quedarse allí ofrecida y le metí la polla en la boca para follármela. Y ella se la tragó complacida, me recibió con deleite, apretó los labios y los cerró sobre mi polla para darme más placer, hasta que noté que me iba a correr y paré de golpe.
- Y ahora el coño, fóllame el coño –me suplicó.
- Todavía no. Tienes que esperar ahí a que lo haga.

Y me fui al ordenador a trabajar y la dejé allí, en la misma postura, con las bragas bajadas y el culo en pompa esperando polla, esperando mi polla. Y así estuvo media hora más, hasta que me acerqué hasta ella por detrás y le pregunté si quería que la follara.
- Sí, por favor.
- Suplícalo.
- Te suplico que me folles.
- ¿Qué me folle qué?
- Mi coño
- ¿Tu coño?...
- Que te folles mi coño de puta.
- ¿Así que al final reconoces que eres una puta?...
- Una puta no, una puta zorra, un putón verbenenero, una perra salida que te suplica que te folles su coño.
- Ter quiero demasido para eso, amor mío.
- Y yo también te amo, pero por eso precisamente quiero que me emputezcas.

Y entonces lo hice, y ella se corrió como una puta, nunca mejor dicho porque gritaba, gemía y suspiraba como cualquier mujer que tiene un orgasmo, pero ella además me pedía que la emputeciera todavía más. Y lo hice, procuré complacerla, pero desde entonces cada día se ha vuelto más exigente, quiere ser más puta, y no encuentro la forma de complacerla, la verdad.
(continuará)

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