jueves, 31 de marzo de 2011

Expuesta, con el coño ofrecido y follada



Te he echado desnuda sobre la mesa, con el culo en pompa y te he atado las manos y los tobillos a las patas de la mesa. Y luego te he puesto una pañuelo en los ojos y me ido a la calle. Supongo que habrás oído el portazo. Pero te he dejado allí, expuesta y con tu coño ofrecido, abierta de piernas, con tu culo en pompa y los labios de tu coño a la vista. A la vista del que entre por la puerta.

Luego me has dicho que has notado cómo abrían la puerta y te cogían de los glúteos de tu culo de putón verbenero y te penetraban. Pero que no sabías quién era. Si era yo, aunque eso creías y suponías. Pero no podías saberlo, claro, porque te había dejado con la venda en los ojos y podría haberle dado la llave a otro para que te follara.

Porque el que comenzó a darte palmadas en tu culo de puta, el que te metió la polla hasta los huevos y comenzó a follarte sin pausa, podría ser yo, es cierto, pero tú o tenías ninguna certeza porque el que te follaba no hablaba. No decía nada. Sólo te restregaba la punta de la polla por la raja de tu coño, húmeda, mojada y completamente excitada. Y luego te penetraba para follarte.

No sabías si era yo, claro, pero te estabas mojando, so zorra. Y quizás con un desconocido. Hay que ser puta para excitarse estando atada a una mesa, con el culo en pompa y no sabiendo quién te folla. Eso tiene un nombre que creo que tiene que ver con zorra. Aunque a mí me gusta más el de puta, que es lo que de verdad eres, porque te corres de gusto siendo follada por extraños.

Luego me dijiste que creías que era yo el que había entrado en el piso, tenía que ser yo, no tenías duda, pero el que te follaba el coño, ya encharcado, no decía nada y podría haber sido un extraño, alguien a quien yo le hubiera dado la llave para que te follara mientras estabas allí atada y con tu culo y coño en pompa.


Expuesta, ofrecida y mojada, muy mojada, porque te corriste enseguida y sin saber quién era el que te follaba. Porque aquel desconocido volvió a salir y te dejó allí durante al menos media hora, hasta que de nuevo oíste la puerta y alguien entró en la casa, te cogió por los glúteos y te folló como una puta. Ya iban dos. Dos que te habían follado y que te dejaron allí tendida sobre la mesa, chorreando la leche por tu coño y cayéndote por los muslos hacia el suelo.

Porque más tarde entró otro, y luego otro, y otro, que te fueron follando hasta que quedó un charco de leche junto a la pata de la mesa; la leche que te caía del coño por los muslos después de tanta follada. Fue entonces cuando empezaste a preocuparte porque no fuera yo, porque tendría que ser muy macho para echar tanto polvo, pero no tuviste tiempo para pensar en ello, porque entró otro y volvió a cogerte para azotarte el culo y follarte. Y volviste a correrte. ¿Cuántas veces te corriste , so puta, follando con desconocidos?

Muchas. Todas. Te corriste todas las veces, según me dijiste luego, aunque ya no tenías la certeza de que fuera yo. Pese a ello te corriste como un putón, que es lo que sabemos los dos que eres. Un putón que se corre al ser follada, sin importarle quién sea el que la folla. Porque todavía no sabes si fui yo o fueron extraños. Pero creo que en el fondo te daba igual. Eres tan puta...

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