sábado, 5 de marzo de 2011

Porque tú eres mío y yo soy tu puta zorra

Fui a tu oficina, esperé a que tu secretaria saliera y me colé en tu despacho. Sabía que estabas fueras y que pronto regresarías pues habías bajado a la cafetería de abajo a tomar un café. Y me desnudé, me escondí bajo la mesa que sueles ocupar y esperé pacientemente a que llegaras. Quería darte una sorpresa.

Y cuando entraste oí que venías acompañado de una mujer, una chica muy mona que sé que anda detrás de ti porque te llama muy a menudo para invitarte a salir. Lo sé. He espiado tu teléfono móvil y sé de sus mensajes. Pero no importa, porque sé que tú eres mío. Que yo soy tu puta, pero que tú me perteneces.
Y cuando te sentaste en tu amplia mesa de despacho y ella lo hizo frente a ti, al otro lado, te bajé la cremallera y me metí tu polla en la boca. Te quedaste asombrado, miraste con discreción hacia abajo y me viste, pero callaste. La otra ni se enteraba de que yo estaba debajo de la mesa, con la boca abierta, lamiéndote los huevos, y chupándote la polla, con la maestría de la puta zorra que soy.

Con el vicio que tú me has transmitido para emputecerme y convertirme en lo que siempre he sido y por fin he encontrado: la puta zorra emputecida que moja el coño con sólo verte, con sólo saber que me vas a rozar, con sólo saber que me miras. Tienes el poder de volverme puta, de mojar mi coño con tu mirada, de hacerme correrme al saber que voy a verte, a sentirte, a ser usada.

Pero tú no dijiste nada. No hacía falta. Todo esto te lo decía yo con mi boca, con mi lengua y con mis chupadas y lamidas en tus huevos. En esos santos cojones que adoro y que son mi deseo. No querías comprometerte en aquella situación y me dejaste hacer. Y te chupe y chupe la polla y los huevos, como si mi vida fuera en ello, mientras notaba en mi culo como los tacones de aquella chica me daban golpecitos pues creía que eran tus piernas.



Y no eran tus piernas, sino mi culo. Pero eso ella no lo sabía. Quería provocarte a ti con los tacones, pero mi culo lo impedía, mientras yo te chupaba y lamía para comérmela entera, enterita, de arriba a abajo, incluidos los huevos que metía en mi boca para succionarlos, para vaciarlos, porque al poco te derramaste sobre mi cara y mi boca.
Y entonces salí de debajo de la mesa con mi cara llena de semen, de tu leche, y me puse delante de ella, le ofrecí la mano y me vestí para marcharme. Y allí os dejé solos, aunque sé que ella ya no volvió a llamarte más.

4 comentarios:

AcErTiJo dijo...

jajajajaj XD....claro que no lo haría jijij :) ya me la puedo imaginar con su cara desencajada por la impresión y la sorpresa( no tome esta risa por irrespeto) ... si hay algo que adoro de sumisa O es su capacidad para no dejarse quitar su lugar de sumisa por ninguna otra ...bah ya se que se dice que la sumisa nunca debe ser posesiva ni celosa ni nada de eso pero eso es algo que existe y una contiene y reprime.Saludos AMO ANTONIO

Amo A. dijo...

La sumisa debe ser posesiva y celosa. Eso demuestra que ama a su Amo. Otra cuestión es que el Amo le haga caso. Pero debe serlo.
Un beso, cielo.

Caille dijo...

Ultimamente leo cosas y además de ser una zorra nonfomana, me parece que me estoy volviendo un poquitin sumisa... gracias guapo

Amo A. dijo...

De nada, Caille. He leído tus blogs, por encima, y me ha encantado. Me gusta que seas tan desinhibida y tu sentido común al reconocerte como puta y ninfómana. Aunque creo que insistes demasiado en tu madurez. Estás para mojar pan, que se dice, pese a tu lúcida madurez. Estás apunto de caramelo, en su punto justo y mucho mejor que algunas niñatas que sólo quieren jugar y luego huyen por miedo a ellas mismas. A lo que desean. Tú tienes las ideas claras y eso sólo se consigue cuando se han librado miles de batallas. Y se ha salido vencedora. Enhorabuena.
Un beso
AA: