domingo, 27 de marzo de 2011

Una perra, puta y zorra, campeona (I)

Te habías apuntado tú sola sin decirme nada. Sin consultar conmigo, mi querido zorra, porque siempre has tenido mucha iniciativa y para emputecerte te vales tu sola. A veces me pregunto y te pregunto para qué me necesitas.
- Para todo, amor mío. Te amo y mi entrega y sumisión a ti es por amor. No podría hacerlo sin amarte.

Lo sé. Lo sabía, pero me seguía sorprendiendo tu iniciativa para profundizar aún más en tu sumisión, en tu pasión por ser una verdadera puta y zorra al servicio del placer de los demás.
- Quiero ser sólo un objeto de tu placer –me habías insistido.
- Lo serás, no te quepa la menor duda.

Y lo has sido, porque cada día te has ido emputeciendo siendo más zorra y más sumisa, aunque lo de sumisa es con reparos porque de vez en cuando te sublevas, tomas la iniciativa y sin decir nada, sin consultarlo conmigo, tomas decisiones que me sorprenden. Gratamente. Por eso no te castigo ni te reprocho nada.

- Me he apuntado al Campeonato de España de Putas Zorras – me dijiste con el resguardo de la inscripción en la mano. Si gano el premio, que lo ganaré, el dinero será para ti, mi Amo, mi amor, mi vida, mi cielo.

Y no te dije nada. Callé, porque debería castigarte por tomar decisiones por tu cuenta, pero también sabía que solías hacerlo precisamente para buscar el castigo. Y lo vverifiqué cuando volviste desnuda a cuatro patas con la fusta en la boca.
- Azótame, amor mío. Azota a tu perra salida que sólo quiere complacerte y estar a tu servicio para ser usada.

Y te cogí de la cadena de tu cuello y te lleve a la argolla que hay en la habitación de los espejos, donde te até las manos cerca del techo y quedaste de pie y estirada. Te veía por todas partes reflejada porque la habitación tiene cubiertas las cuatro paredes por grandes espejos.
- Es que me gusta verme bien, desde todos los lados, mientras me azotas y me emputeces -me habías dicho.

Así que te até las manos a la argolla del techo y quedaste casi de puntillas, mientras yo te miraba. Miraba tus tetas subir y bajar por los jadeas propios de la excitación. Y tu culo prominente pues siempre que te lo voy a azotar lo sacas, lo ofreces, para que quede en mejor posición para el castigo. Ye acaricié el coño y vi que ya estabas mojada. Te excitas y mojas el coño antes de que te azote. Es imposible ser más zorra, más puta y más sumisa.
- Azótame. Dame duro, por favor. Te lo suplico

Y lo hice. Esta vez te iba a azotar bien, hasta ponerte el culo rojo, por lo que te di algunos correazos de tienta, para probar, para ver si empezabas a gozar, como sueles hacer. Pero no hizo falta que te azotara mucho, porque a los pocos azotes vi que te caían los jugos por los muslos y tu coño brillaba. Habías tenido ya un orgasmo y casi no había empezado.
- Más fuerte, por favor. Te lo suplico.

Pero no te di más. Te solté porque quería dejarte excitada, insatisfecha.
- Si vas al Campeonato de España de Putas Zorras, debes estar en castidad.
- Sí, Amo.

(Continuará)

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