martes, 26 de julio de 2011

Por favor: fóllate mi boca

Me solías esperar en la puerta de casa. Al principio no sabía por qué te gustaba estar sentada sobre tus tobillos para esperarme, pero en cuanto oías la llave entrar en la cerradura, te ponías de rodillas con las manos en la espalda.

No sabía por qué siempre te encontraba de rodillas al entrar en casa, hasta que por fin te atreviste a decírmelo, sin decírmelo. Hasta que te atreviste a contármelo, en silencio, porque un día abrí la puerta y te encontré de rodillas, esperándome y con la boca abierta. Muy abierta. Te miré a los ojos y no entendía tu postura, tu actitud, hasta que me bajaste la cremallera del pantalón, sacaste la polla y la metiste en tu boca.
- Fóllame la boca - me dijiste atragantada.

Y te cogí con las manos la cabeza y te la follé con pasión, ardor y frenesí, hasta que conseguiste que me corriera en ella. Y entonces te relamiste, me miraste con ojos brillantes y te mostraste agraedecida
- Gracias, Amo, por follarte mi boca.

Desde entonces, siempre que llegaba de la calle te encontraba en la puerta de rodillas porque te gustaba que te avisara cuando iba a llegar con una llamada perdida, para que tuvieras tiempo de prepararte y que te encontrara allí de rodillas y ofrecida. Con la boca abierta.
- Fóllate la boca, mi Amo -me insistías, para que no se me olvidara.

1 comentario:

Sweet dijo...

Ufffffffff!!!!!!
Anotando....
Delicioso.