miércoles, 10 de agosto de 2011

Una perra, puta y zorra, campeona (III)

Una prueba que consistía en realizar una recolecta de semen, es decir, chuparles la polla a otros jóvenes, conseguir que se corrieran y aguantar el semen en tu boca para depositarlo en una probeta que había sobre una balanza.

Cada vasija llevaba el nombre de la puta zorra que participa en el campeonato y al final del tiempo previsto, ganaría la puta zorra que más líquido hubiera recolectado y llenado. Así que te pusiste a la faena y vi como poco a poco, ibas subiendo el nivel de semen en la probeta y que tú ibas ganando con bastante diferencia. En esta ocasión los asistentes al campeonatos no veíamos qué hacíais para conseguir el semen. Según la normativa, estaba todo permitido y podías hacer lo que quisierais para conseguir el semen.

Así que supuse que tú recurrirías al truco que siempre te ha dado tan buen resultado y que consiste en ofrecerles la correa y suplicarles que te azoten tu culo de putón verbenero, tu culo de puta perra salida. Y lo hiciste. Lo sabía, aunque no te veíamos porque todas las chicas estabais ocultas por unos cubículos, pero del tuyo salían unos gemidos de placer que nos hacían suponer que estabas gozando al ser azotaba. Las otras chicas se valían de otras artes, como lamerles los huevos, pero tú eras más ducha, más puta, más perra y les ofrecías tu culo para que te lo azotaran.

Después, te arrodillabas ante su polla dura y les exprimías los huevos con tal maña y prontitud que tu vasija fue pronto subiendo y subiendo llena de semen, mientras que las demás se iban quedando rezagadas. Tu probeta marcaba un nivel mucho más alto que las demás.


No había duda. Habías ganado las tres pruebas con holgura, con facilidad. Con una superioridad apabullante. Te habías proclamado Campeona de España de Putas y Zorras sin bajarte del autobús, que se dice. Así que recogiste el cheque y al día siguiente me lo ingresaste en mi cuenta corriente. “Para mi Chulo y Amo, con todo mi amor”, pusiste en la nota del ingreso, ante el asombro del empleado bancario.
- Te quiero, amor mío. Te amo. Soy tuya. Haz conmigo lo que quieras -me imploraste cuando volviste del banco, me entregaste el recibo del ingreso y sacaste la polla de mi pantalón para seguir chupando.
- Además de Súper Puta y Zorra, eres muy perra. ¿Lo sabes no?
- Soy perra, tu perra, pero me duele que no haya campeonato de perras salidas y pueda así demostrarte que además de puta y zorra, soy también tu perra sumisa, tu farmacia de guardia siempre abierta, expuesta y a tu servicio, por su quieres usarme para tu exclusivo placer. Porque mi placer es ver que tú lo tienes, me dijiste.

Y yo te cogí en brazos, te llevé a la cama y te hice el amor con dulzura, mientras tú me decías que me amabas. Y yo te contesté que sí, que también te amaba.

Y me corrí en tu boca. No lo pude ni puedo resistir. A puta y zorra no te gana nadie, pero cuando te pones perra, es imposible contenerse. Así que te cogí de la cadena de tu cuello, te lleve a la habitación de los espejos y te di el premio que te habías ganado. Te azoté duramente, como a ti te gusta, hasta que vi el glúteo izquierdo muy rojo. Con magulladuras. Así que paré.
- No pares, amor. No pares, por favor, que quiere que mi otro glúteo también este rojo. Para que no desentonen –me dijiste, mientras te volvías y e ofrecías de nuevo tu culo.

No hay comentarios: