martes, 20 de marzo de 2012

Beacul: Sólo un culo expuesto y ofrecido

Gilbert ocupa el sillón. Heme aquí arrodillada ante él. No lleva más que un slip blanco y zapatillas negras. Está bronceado, peludo. Lo encuentro soberbio. Me mira durante un rato; después, adelantando la mano derecha, acaricia mis cabellos.
- Beatriz - dice-, aquí estás convertida en perra. llevas correa como un perro de lanas y collar de cuero. Estás encadenada, te llevan atada. ¿Aceptas tu suerte?
- Sí, acepto mi suerte,
- Eres un animal noble, pero doméstico, o más bien, por domesticar. Te debo estar satisfecho porque te veo sumisa y que has elegido esa sumisión. Pero es preciso que yo ejerza esta sumisión, que la exija de tu boca, de tus manos, de tus pies y sobre todo de tu grupa, porque eres y debes ser ante todo un culo, perpetuamente ofrecido al látigo.

A veces conocerás el reposo, pero mientras te esté domando, te llamarás BEACUL. No serás tan sólo azotada. Se me ocurrirá a veces flagelarte desde la nuca hasta los talones y provocar el sufrimiento en todo tu cuerpo, pero jamás deberás olvidar que, de hecho, sólo existes en esa parte de tu cuerpo que va de los riñones a las pantorrillas. ¿Lo recordarás?
- Sí -digo-, recordaré que no soy más que un culo y que no debo pensar, ni ver, ni hablar ni sentir más que por él.
Gilbert me concede sus labios
- Te amo, Beatriz, y te doy las gracias. Ahora, Madame Augusta, ¿querrá ocuparse de Beacul?

Beacul de S. G. Clo'zen
Tusquets Editores - " Colección la sonrisa vertical"

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