domingo, 22 de julio de 2012

Emputecida y bisexual

Te he dicho que quiero emputecerte un poco más porque ya lo estás, con los machos, pero hace falta que también lo seas de quién yo quiera, sin exclusión.  Quiero emputecerte con mujeres, con las que pueden ser mis amantes para que les comas el coño  antes de que me las folle con el propósito de que me las excites para mi y que cuando yo meta mi polla en su coño, éste ya esté excitado, mojado y dispuesto gracias a tu labor de perra sumisa emputecida y humillada.

Es probable que te dé asco, lo sé. Es probable que sientas celos al verme follar con otra, lo sé. Por eso no lo haremos todavía, pero quiero que ya lo vayas pensando y asimilando. Quiero que lo vayas teniendo en consideración para que cuando llegue la hora estés preparada y no tengas tantos remilgos, como veo que tienes ahora.

Porque tendrías que preparar a mi amante para mí,  bañarla, secarla, perfumarla y excitarla para que esté bien dispuesta para mi polla.
- ¿Lo comprendes?
-  Si, Amo.
- ¿Sabes por qué lo hago?
- Para demostrarme que tu poder sobre mi no tienes límites, que soy tuya desde la raiz de mi pelo hasta las uñas de mis pies, que no hay un solo lugar de mi cuerpo que no te pertenezca y que mi mente y mi pensamiento también son tuyos proque sólo soy un objeto de tu placer. Porque así me harás sentir que tu placer está por encima de todo, de cualquier reparo moral o ético y a conseguirlo he de dedicar mi vida. Todo por tu placer. Absolutamente todo porque mi placer es ver que tú lo tienes, mi Amo.
- ¿Estarías dispuesta?
-  No lo sé, Amo. Si te soy sincera sólo pensar en verte follar con otra, que me obligues a excitarla con mi lengua para ti, que me azotes en su presencia para que puedas  presumir de tener una esclava muy sumisa y obediente, me duele y me da celos, pero también siento una extraña excitación.

Y te he  tocado el coño y he visto que sí, que estás muy excitada. Mojada, húmeda y casi chorreando. Tienes miedo, pero también te excita. Es normal. No haremos nada que no puedas soportar, pero te aseguro que lo soportarás y serás tú la que finalmente me lo supliques.
- ¿Crees que es posible que lo supliques?
-  Creo que sí, Amo. Tengo miedo, pero también siento unas extrañas cosquillas en el estómago.
- Pues entonces esperaremos a que tú misma lo supliques.
- Lo sé, mi Amo. Lo pone en mi contrato.

Y cojo el contrato y lo reviso. Es cierto. El artículo 2 que tú misma redactaste lo deja bien claro:

Artº 2.- Yo,  como sumisa puta y zorra de mi adorado AMO, acepto el hecho de que ÉL es libre para mantener relaciones con otras sumisas u otras chicas. En mi ánimo está el aceptarlo. Su placer es el mío y por ello debo y quiero aceptar que no sea la única hembra con la que mantenga relaciones y podrá follar con todas las mujeres que quiera con la única condición de no repetir jamás con la misma. También asumo que si mi AMO en algún momento me ordene que busque una sumisa u otra mujer para ÉL, acataré sus ordenes para complacerlo siempre en sus deseos. También acepto que Él me obligue a follar con las chicas que él quiera. Quiero expresar que no me será fácil saber que otra hembra goza con mi AMO. Mi finalidad con Él es darle el máximo placer, su placer es mi placer y teniendo esta premisa siempre presente me será más llevadero el saber que no soy la única hembra que disfruta de Él y para El.

- Tú misma lo redactaste. ¿Te acuerdas?
- Sí, Amo. Y me mojé el coño al escribirlo. No sabes cuánto.
- ¿Quieres añadir algún pero, alguna idea?
-  Sí, mi Amo. Si llega el caso, me gustaría ser yo la que te eligiera a la mujer con la que vas a follar, con la que me vas a humillar y con la que me vas a poner los cuernos.
- De acuerdo, cielo. Te lo prometo. Lo pone en el contrato. Has de buscarme sumisas para que me las folle y las someta. Pero también chicas que no sean sumisas.
- Lo sé. Gracias, Amo, por permitírmelo. ¿Puedo chuparte la polla para darte las gracias?
- Sí, siempre puedes hacerlo. Lo sabes. Es mi único compromiso contigo: dejar que me chupes la polla cuando quieras y sin pedirme permiso. Tú también tienes derechos. Sólo ese, pero es tu derecho.

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