martes, 14 de agosto de 2012

Obedecer como puta sumisa sin preguntar por qué


Me has llamado, mi Amo, me he sentado desnuda a tus pies y me has acariciado la cara y pellizcado los pezones  me explicas que quieres que te confirme que quiero ser tu puta zorra sumisa. Que no tengo dudas al respecto. Y yo me he echado a llorar porque la duda ofende, te he dicho. 

Entonces me has indicado que a partir de ahora mi aprendizaje será más duro, que tendré que obedecer órdenes absurdas sin preguntar por qué. Cuanto más absurdas sean las órdenes mayor ha de ser mi actitud para cumplirlas, aunque para mí no tengan ningún sentido. He de obedecer ciegamente sin preguntar cuál es el motivo o para que sirve.

También me has dicho que por esa razón podrás castigarme cuando quieras, como quieras y donde quieras, sin que exista motivo para ello. Sin causa, sin justificación. Aunque no haya hecho nada. Podrás levantarte de la cama mientras duermo y castigarme sin que yo sepa por qué lo haces.
-        - ¿Quizás porque he sido mala en sueños? –te he preguntado con humor.
-        - Quizás –me has respondido comprensivo y riéndote.
-        - Lo acepto, mi Amo –te he dicho ya en serio.
- ¿Lo consideras justo?
-        - Muy justo, mi Amo. Lo injusto es que tú no pudieras hacerlo.
-       -  Razóname eso que dices.
-        - Es injusto que no puedas demostrarme a cualquier hora del día que tu poder sobre mi no tiene límites. Porque mi placer es saber que tú lo tienes, que lo posees y que disfrutas con ese poder sobre mí.

Es cierto, me has dicho. No son castigos,  ni  son premios. Es la evidencia del poder que tienes sobre mi y que por tanto puedes ejercer en cualquier momento para tu placer porque mi cuerpo está diseñado  y ha nacido para darte placer, para ser usado, para que te sirvas de él con el fin de   darte placer a ti u a otros. Para servir a los demás. Para el exclusivo placer de mi Amo y de quien él quiera. 

Es la evidencia de que tú poder no tiene límites y que mi cuerpo y mi pensamiento están destinados al servicio de tu exclusivo placer porque el mío es ver que tú lo tienes, mi Amo. Porque te amo más que a nada del mundo y aunque estos sea un tópico, es la evidencia de que  mi esclavitud es la prueba de mi inmenso amor.
Por eso no tengas piedad- te he insistido besándote las manos. No tengas piedad y haz de mi un objeto de tu placer, la puta más sumisa. Conviérteme en un coño. Tan sólo eso. Un coño que no piensa, que no habla, que no existe excepto para servir el placer de los demás. Un coño permanentemente expuesto y abierto para ser follado.
-        - Quiero ser tu coño. Sólo eso.
-        - Ya lo eres. Y lo serás más –has añadido para tranquilizarme.
-        - Te quiero amor mío –te he confesado bajando la cabeza y besando el suelo junto a tus pies.

1 comentario:

Juegos eroticos dijo...

Esta es la parte que me gusta de la aptitud de una mujer..