domingo, 25 de noviembre de 2012

Puta, sumisa y perra rapada

Pronto será nochevieja y como muestra de respeto, entrega y amor a ti, mi Amo, he decidido que me rapes la cabeza en el momento que suenen las campanadas Por qué, me has preguntado. Porque así no podré salir de casa y estaré siempre encerrada. O me sentiré humillada cuando me saques a la calle y los demás me vean.
 - No es por eso, mi querida perra.
- ¿No?
 - Creo que lo que buscas es sentirte más desnuda, más expuesta, más exhibida, más puta y más perra. Que no haya nada que tape tu cuerpo para que así exista  camino libre para tocarte, magrearte, sobarte y usarte. Sobre todo usarte. Serás como un objeto, una muñeca hinchable que se coge, se folla y se deja. Se usa y se tira. Es por eso.
- Me conoces más que yo a mí misma.
 - Sí, y  me gusta hacerte feliz.

Así que no he esperado a las campanadas. Para qué. Mejor que te tomes las uvas ya rapada. Y he cogido, te he atado las manos a la picota de hierro y te he rapado el pelo con una maquina de esquilar, la que usamos para pelar al perro. Porque tú eres una perra. Una perra muy puta y sumisa, es cierto, pero perra a fin de cuentas.

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