jueves, 29 de noviembre de 2012

Tú misma te sometes


Me emocionas, mi querida sumisa, cuando eres tú misma la que  propones (y dispones); cuando te entregas por propia iniciativa y eres tú  la que te ofreces a cuatro patas, moviendo el culo en círculos, para que te mire, te atiende, te folle y te use. Para que te haga caso. Mueves tu culo de puta zorra delante de mi para llamar mi atención, para que te haga caso y no te abandone. Y vienes desnuda, te pones a cuatro patas y mueves tu culo de putón en círculos, mientras tu coño asoma entre tus muslos brillante por la excitación que prometes. Me emocionas. Así que me pongo de pie y te dejo hacer. 

Dejo que tú misma te penetres y te muevas acompasada a tu ritmo, mientras yo permanezco quieto. Muy quieto. Mirándote, viéndote buscar el placer al apretar mi polla con tu coño, moviéndote para conseguir que me corra. Pero no lo consigues y continúas encelada follándome. O  quizás follándote tu misma pues eres tú la que ha tomado el mando. Eres tú la que propones, la que prometes, la que folla a su gusto y su ritmo. Hasta que no puedes más y te corres entre gritos y gemidos. Y te caes rendida al suelo. Te has corrido varias veces porque eres multiorgásmica y veo que te caen los jugos de tu coño por los muslos. Estás caída en el suelo, rendida, exhausta de placer. Has perdido de nuevo. O no. No estoy muy seguro.


Y ahora viene el castigo. Lo sabes. Lo intuyes. Lo suplicas con tu mirada dulce, como diciendo: "Anda, no seas malo. Castígame, porfa". Porque al final lo dices. Y lo suplicas. Pero en esta ocasión no voy a hacer lo que tanto te gusta, no te voy a azotar el culo para que te corras de nuevo, que es lo que buscas, sino que te voy a ofrecer al mundo para presumir de sumisa, de puta zorra. Para que todos sepan que eres mía. Y te he atado las manos a las ventosas de la ventana que ya conoces y te he dejado ahí, expuesta a las miradas, ofrecida y exhibida al mundo como mi puta zorra. Y me he ido a tomar unas cervezas. No sé cuando volveré.

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