domingo, 30 de diciembre de 2012

La puta sumisa se sale con la suya

Te he dicho siempre que eres libre para tomar la iniciativa, por eso cuando esta mañana me has despertado lamiéndome la polla, chupándomela, me he sentido halagado. Aunque algo molesto cuando me has cogido de la mano, me has sentado en el borde de la cama y me has seguido chupando y mamando hasta que has conseguido que me corra. Me has dado tanto placer que he echado la cabeza hacia atrás y no me he percatado de que has hecho que me corra en un vasito.
 - A tu salud, Mi Amo –me has dicho brindado con mi semen.

Y te lo has bebido de golpe sabiendo que me enfadaría, que mi semen no es tuyo sino de tu macho, de tu Amo y no puedes disponer de él a tu capricho. He de castigarte. Aunque probablemente era eso lo que deseabas. Siempre lo deseas. No entiendes que no puedo ser Amo las 24 horas del día, que hay que compartir ratos de cariño y ternura, ir al cina, salir a tomar una cerveza en una terraza como una paraje vainilla. Porque aunque tú seas una puta zorra, que lo eres y mucho, también eres la mujer que amo. Pero tú cada día eres más perra, más puta y más zorra.


Más sumisa y más exigente. Y  quieres seguir avanzando en tu entrega saltando límites. Bien.  Lo que tú quieras, te he dicho. Y te he cogido de la mano  y te he llevado a la mesa del comedor, te he puesto encima con la cabeza fuera y me he follado tu boca, mientras te lamía tus pezones. Follarme tu boca como una puta zorra, que es lo que este. Pero   he visto que estás demasiado entusiasmada y he comprendido que eso no era un castigo,  ni una  una humillación,  pues es probable que tengas el coño mojado. Cierto. Muy mojado. Encharcado. Gozas como una perra.

Así que me he hartado. Te he dejado sin orgasmo y te he llevado a la sala de estar donde te he colocado un bozal (para que no me supliques que te azote), y te ha atado a unas patas para que me sirvas de mesa mientras me fumo un puro. Sólo eres un mueble. Un objeto que se usa. Sólo eso. Un cuerpo de perra sumisa que es útil sólo para ser usado.

Pero sigues gozando. Lo he visto  en tus ojos cuando me he levantado y no es cuestión. Lo sabes. Y yo lo sé, aunque la verdad es que ya no sé qué hacer para que no goces, así que he recordado una foto que tenía guardada y he querido imitarla. Te he puesto a cuatro patas y te he colocado una vela en tu grupa para que la mantengas. Para que me ilumines. Has de estarte quieta para que no se caiga y aguantar la quemazón de la cera que caerá por tu culo. Y lo has hecho, hasta el punto que al poco tiempo la cera resbalaba por tu culo, aunque tú cara no reflejaba dolor alguno, sino excitación.

Mucho placer porque de pronto he visto que te has corrido sin tocarte, sólo con la situación de sentirte usada y humillada. ¡Maldita sea!. Ahora que caigo esa foto me la enseñaste tú. Así que te has vuelto a salirte con la tuya.

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