sábado, 15 de diciembre de 2012

Mojas tu coño cuando te azoto

Cada día me sorprendes más, mi querida sumisa. Después de suplicarme que te pusiera en tu sitio, que no fuera tan cariñoso y más Amo,   me he puesto en el papel. Porque me tienes harto con tanta imposición, con tu dictadura, con que tú tomes la decisión sobre tus castigos. Y con tu ironía: ”Como no seas más duro, me voy a buscar un amo de verdad”. 

Así que he querido darte una lección y ya que me suplicas que sea más hombre, más Amo, te he dado más fuerte. Te he azotado el culo con dureza, parando para que tomaras aíre, pero firme en mis azotes. Quería vértelo rojo, bien colorado.  Pero cuando he notado que pasabas de los flojitos quejidos a los suspiros,  me he detenido porque me he sospechado lo peor. O lo mejor. Así que me he acercado y te he metido la mano en el coño y me lo he encontrado encharcado. 
- ¿Cuántas veces te has corrido? 
- Tres, pero no pares, cabrón, te lo suplico.

Y no he parado. Te he dado duro. Te he dejado descansar y he vuelto a azotarte, hasta que he visto que te has quedado con los ojos idos, como desmayada y me he asustado. Así que he parado y me he acercado a ti. 
-  ¿Estás bien, cariño? 
-  No pares cabrón, que llevo ya diez orgasmos seguidos.

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