lunes, 3 de diciembre de 2012

No quiero respirar sin tu permiso, amor mío

Y un día más, mi Amo, te escribo para decirte que te amo y que te suplico que me dejes amarte, ser tu sumisa y que me domines porque quiero ser tuya y que te apoderes de mí, de mi voluntad, para que me uses para tu exclusivo placer. Que seas egoísta y me uses para darte placer porque sólo nos importará tu placer. Que hagas conmigo todo lo que te dé la gana. Todo. Absolutamente todo lo que se te encapriche.

Úsame, por favor, te lo suplico. Quiero ser usada por ti por entero, por completo, desde el pelo de mi cabello hasta las uñas de mis pies. Quiero entregarme a ti para tu exclusivo placer, para que me uses, para que hagas conmigo lo que quieras. Quiero servirte, adorarte, amarte y entregarme a tu voluntad para amarte sin límite, para que tu poder sobre mí sea total, para ser tu esclava real que disfruta de la esclavitud a ti, mientras tú gozas libremente con quien quieres, cuando quieres, como quieres y dónde quieres.

Pero sobre todo: quiero que me dejes amarte completamente. De arriba abajo. Sin límite, y que tu poder sobre mí sea total y absoluto. No quiero respirar sin tu permiso, amor mío. Te quiero más que a mí vida y sólo quiero complacerte y darte placer, a costa de mi sufrimiento. Déjate llevar por tu egoísmo, por tu placer y haz conmigo lo que quieras porque sólo quiero hacerte gozar y que te sientas orgulloso de tu perra sumisa.

Es mi forma de demostrarte lo mucho que te amo. Quiero sufrir por ti para que tú goces porque ese es mi placer y porque esa es mi forma de amarte: siendo tu más sumisa esclava, tu perra, tu zorra, la puta que ama tu libertad, mientras te suplica que me quites la mía. Quiero pasar el resto de mi vida encadenado a los pies de tu cama. Para amarte sin límite alguno.

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