miércoles, 5 de diciembre de 2012

Tú misma te ofreces al castigo

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Te habías portado mal. Eso me dijiste. Tenías remordimientos porque creías que no eras lo suficientemente puta y zorra sumisa. Que no estabas a la altura de lo que se te debería exigir. Que querías ser más puta y zorra sumisa, pero creías que no dabas la talla. Que me avergonzaba de ti y quizás me merecía una sumisa mujer.

No era cierto, pero me callé. Estaba muy orgulloso de ti y no tenía ninguna queja porque en tus ansias de entregarte llegabas incluso a pasarte y a tomar la inicitiva por tu propia cuenta, como venir a cuatro patas con la fusta en la boca. O ponerte delante de mi y mover tu culo en círculos como una perra en celo para que te montara, te follara y usara a mi capricho. Eso me decías: "Soy tuya: Haz conmigo lo que quieras".

Estaba orgulloso de ti, pero no quería desairarte, que te sintieras mal, así que te llevé al correccional: al lugar al que se lleva a las putas para que expíen sus culpas, para que se autocastiguen y tengan la conciencia tranquila. Es un lugar al que se va voluntariamente. Lo ha de pedir la sumisa. Y además encarecidamente. casi suplicarle. Bueno, casi no. Había que suplicarlo por escrito y luego en una entrevista con la especialista en correcciones.

Y eso hiciste. Yo me quedé en la puerta mirándote y sintiéndome muy orgullosa de ti. Cuando terminaste te dieron la película y tú me la has dado para que la cuelgue aquí. Y aquí está. Tú eres ahora feliz, ha purgado tu culpa y yo me siento muy orgulloso de ti. Siempre lo he estado. eres una sumisa extraordinaria.

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