lunes, 28 de enero de 2013

Lo amas, lo sé. Amas su polla...

Lo adoras. Lo sé. Adoras a tu macho. Se ha convertido en tu amante y en tu hombre. Y tú en su puta. Hace contigo lo que quiere y cuando llega te arrodillas a sus pies, le bajas los pantalones, le coges la polla y la adoras. La acaricias, te la pasas por los labios, por la cara, por las mejillas. Lo amas. Lo sé. Amas su polla y sientes algo muy especial con él. Y eso que fui yo el que te lo presentó, ¿te acuerdas?

Yo tenía la fantasía de verte follar con otro, de sentirme un poco cornudo, pero tú me has hecho muy cornudo porque él viene todas las noches a dormir en nuestra cama de matrimonio y yo lo hago en el sofá, en el cuarto de invitados o en la alfombra si me dejes que vea como te lo follas con ardor y pasión. Si me permites contemplar mis cuernos.
- Es culpa tuya -me dijiste un día que refunfuñé.
- Lo sé. Y no me arrepiento -te contesté, mientras te besaba a ti los pies y tú besabas su polla.

Soy el esclavo de una esclava. El marido de una puta que se ha entregado a otro macho. Y soy feliz. 


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