lunes, 7 de enero de 2013

Puta, zorra y lesbi

Cuando he llegado a casa te he encontrado tal y como te dejé. No te has movido ni un milímetro, cariño, y eso merece su premio. Tú lo sabes y por eso no te has movido cuando he salido y te he dejado así. No sabes adónde he ido. Ni lo sabrás. Quizás he estado con tu mejor amiga, Mari Cruz, ya sabes, esa chica con la que intimas y que sabes que está loca por mí.

Lo que no entendía es por qué no habías roto con ella, por qué seguías siendo su amiga, por qué insistías en llamarla y quedar con ella. No lo sabía pero ya lo sé. Me lo ha dicho abajo, en su piso, mientras follábamos. Es el precio que pagas por estar con ella, por ser su sumisa y dejar que ella folle. No me habías dicho nada y eso no lo puedo consentir.  Pero ahora me explico por qué venías a veces a casa con moretones en el culo y chupetones.

Lo del culo rojo lo justiticaba en que era el recuerdo de la última vez que te azoté, pero los chupetones en el cuello yo sólo te los doy cuando salimos a la calle, para que vayas marcada como mía.

Ahora sé que eres también su sumisa y que te mueres porque ella te folle. Me ha dicho que te gusta, sobre todo, la postura de la tijerita, pero que lo que de verdad te pone es cuando te azota el culo y te acaricia el coño. Dices que en vez de gritar gimes y suspiras. Igual que haces conmigo.

Así que te he bajado al sótano, te he atado al palo que uso para los castigos y he comenzado a acariciarte con un enorme consolador para tenerte excitada, en vilo, porque cuando ibas a correrte he parado y he vuelto a empezar. Has estado a punto de llegar durante más media hora y cuando te has puesto muy pesada suplicando que te azote para que puiedas correrte, te he hecho caso y te he aplicado un severo castigo. Pero en vez de en el culo te he azotado el coño,  una y otra vez. Directamente, para que tu clítoris sienta el placer del látigo. Esta vez ibas a sufrir de verdad.


Eso creía yo, porque eres tan perra, tan puta y zorra que te has corrido pronto como una loca, como una posesa, mientras gritabas que eres mía, mi zorra, mi puta y que no tenga piedad contigo. Que quieres ser cada día más zorra, más puta y más sumisa. Lo serás, pero también vas a ser puta y zorra cornuda porque tu mejor amiga se va a venir a vivir aquí y tú vas a ocupar la habitación de invitados. Es lo que te ocurre por desear demasido algo. Y conseguirlo. Enhorabuena. Te has vuelto a salir con la tuya.

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