jueves, 28 de febrero de 2013

La puta zorra Miriam

Mi Ama me suele dar sesiones diarias. Me expongo en Internet, ofreciendo a amistades suyas relatos cien por cien reales (como lo que le he ofrecido) y fotografías sólo a aquellos que deseen usarme. Mi Ama me deja moverme en Internet y hablar con otras personas, y otros Amos, como usted, pero cada movimiento que hago yo se lo explico antes y pido permiso para cumplir con sus órdenes, Señor. Haga lo que desee con eso que le he enviado, Señor. Sólo se lo mandé para su disfrute personal, pero si quiere colgarlas, adelante.

En cuanto despierto (a veces si me porto bien, en su cama, pero la mayoría de las veces en un colchón a parte en un cuarto pequeño), debo hacerle sexo oral, y luego, ella va al servicio. Yo debo observar cómo orina, limpiarle con un trozo de papel y después repasárselo con la lengua. Después comemos, yo lo hago en el suelo... Y me arreglo para ella.



A veces me castiga sin más, sólo para recordarme que ella es quien tiene poder sobre mí, y yo recibo gustosa ese castigo. Sus sesiones educativas son estrictas y yo intento aprobarlas, Señor. Otras veces ella me ordena lamerle el culo hasta que se cansa, o bailar para ella, o me presta a alguien. Las corridas para mí son un regalo. O también me tiene atada un rato, o amordazada, mientras ve cómo con la mirada suplico sexo.
Me encanta...

Día a día cumplo sus órdenes. A veces trabajo en su bar. Hago todo lo que ella me ordena, o al menos, intento complacerla... Su placer es mi placer, Señor. Hacer exhibicionismo, lluvia dorada, bukakkes... Quiero ser una sierva del sexo...  Señor, sé que me queda mucho que aprender, y mi Ama dice que siempre está dispuesta a formarse en todo lo que considere necesario, es maravilloso contar con alguien experto como usted.

Ella me entrena para ser una puta zorra bien guarra, caliente y necesitada y a la vez una dama, una señorita sumisa y elegante, educada. Cada ocasión merece un estilo. El sexo es muy variado, ya lo sabe.

Ahora está intentando entrenarme para que aguante el tiempo que ella desee sin orgasmos. Me dejó tres días sin sexo y al cuarto, inevitablemente, tuve un orgasmo dormida. Me pasaba desde los 15 años... Pero cuando empecé a tocarme tres veces al día, eso paró. Sin embargo, con su experimento, sufrí bastante.  Ella está ahora muy encima de mí y me proporciona duros castigos...

(Experiencia de zorrita Miriam)

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