viernes, 1 de marzo de 2013

Debía comerle la polla sin utilizar las manos

Cuando tenía 17 años solía ir a un bar que había unas cuantas calles más abajo de mi casa. Lo conocía porque mi hermano lo frecuentaba casi cada viernes por la tarde. No tenía nunca interés en ir, porque me aburría. Sin embargo, cuando me presentó a sus amigos, me encantó los piropos (formales y sí, puede que meramente corteses) que me lanzaron.

Fue entonces cuando una idea cruzó mi mente: ¿y si yo me convirtiese en la zorrita de alguno de los visitantes del bar?  No quería un chico joven ni fuerte. Yo quería un hombre mucho más mayor que yo, no tan cuidado y... Con una alianza en las manos.
 Cada vez que entraba a ese bar, lo hacía para buscar machos casados con ganas de meterla en el coño de una joven. Y yo quería ser la putita de un casado.

Escribo esto en el blog sólo para contaros que me follé a un casado, él tendría unos 38 años, dos hijos y una esposa a la que yo daba mil vueltas. El hombre no era nada feo, tenía un rostro fino y varonil, no estaba delgado pero tampoco muy gordo, algunas canas y fumaba.

Me acerqué a la barra con un gran escote y una minifalda, sin tanga. Así es, vestida como una calientapollas. No le quité la vista de encima. Me relamí varias veces y abrí mis piernas, enseñando mi coño de puta depilado y húmedo. El hombre, que luego supe se llamaba Jorge, me miraba con incredulidad. Me saqué una nota del escote y se la puse en la mesa con disimulo. Recuerdo que le escribí "quiero ser tu zorrita, satisfacer las necesidades que tu esposa no te da". Y  mi número de teléfono.

El lunes me llamó por la tarde, yo andaba por la calle, y después de afirmarle que todo iba en serio, que yo era discreta y que me encantaban los hombres como él, quedamos en vernos cada viernes por la tarde.

Disfruté muchísimo con él. Jorge me hacía masturbarme delante de él, luego, con sus calzoncillos. También me masturbé con algunas de las bragas de su esposa y me corrí en ellas, y en los calzoncillos de sus hijos. Me ponía una minifalda y me decía que yo era su hija y que tenía que castigarme por ser tan putita. También me hacía ponerme un vestido de su mujer y tacones, y yo debía estar siempre abierta para él.

Cuando follábamos, yo estaba siempre debajo. Me decía que la tonta de su esposa era una mandona y que él buscaba una puta caliente como yo que doblegar, así que yo debía maquillarme muchísimo y estar siempre en su casa con las tetas al aire. Me pellizcaba los pezones y me acariciaba el culo...


Cuando le servía las bebidas, me inclinaba ante él, mostrándole mi ano, y él me metía cualquier cosa, su dedo, un boli, un lápiz... Debía comerle la polla sin usar las manos. Al penetrarme, me decía cosas como "te gusta, hijita? quiero que me sientas bien adentro" o también "sufre zorra, has sido una mala esposa". En otras ocasiones, se limitaba a llamarme esclava. 

El mayor reto que hice en esos momentos, con 17 años, fue el de traerle 40 euros, porque me ordenó comer pollas por diez euros y venir a casa con más de treinta.  Sin embargo, cuando volví me dijo que mentira, que tenía que ser con más de cincuenta, y me arrancó la ropa, me azotó varias veces y me puso contra el cristal de la ventana de su salón y un antifaz. Fue un castigo delicioso mmm
Yo me follo lo que sea...


Duramos un año casi, prácticamente. Yo me corría en las ropas de su esposa, me pintaba con sus pinturas y me echaba su perfume. Caminaba por la casa con la corrida de Jorge y me frotaba contra todos los muebles.

Pero... Un día él me dijo que tenía que mudarse a otra ciudad, que le habían trasladado... Así que mi diversión con un casado se acabó...

Me encantó ser su puta, ser la tragapollas de un casado, alguien necesitado, ser una zorra, jamás me folló por el culo, sólo por el coño, se corría dentro de mí, siempre me decía que necesitaba disciplina...

(Experiencia de zorrita Miriam)

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