miércoles, 27 de marzo de 2013

Eres su puta, la puta de tu amante

MARTES.- Has dejado el sujetador sobre el espejo. Estoy de rodillas junto a la cama esperando, esperando a que tú decidas. Parece que estás pensativa, expectante. Creo que estás melancólica porque él no viene. Te había prometido que hoy vendría a follar contigo y estás ansiosa y quizás defraudada porque no viene. Te veo pensativa. Y no te molesto, te dejo con tus pensamientos, con tu recuerdo de él, de cómo te ha follado siempre dándote un inmenso placer.

Al final ha venido. Han llamado a la puerta y he ido a abrir con mi braguita tanga y el cinturón de castidad. Lo he traído a nuestra habitación y cuando lo has visto te has lanzado sobre él y has comenzado a besarlo, a morrearte con él. Te deseo, le has dicho. Y él te ha cogido los brazos, los ha levantado y ha comenzado a meterte mano. Yo tengo la pollita dura dentro del cinturón de castidad. Me siento humillado y cornudo, pero excitado.

Y cuando te ha echado sobre la cama y te ha dicho ábrete, tú le has obedecido y te has abierto de piernas, como siempre haces cuando te lo pide. Le has ofrecido tu culo y tu coño para que lo use, para que te lo folle o te lo manosee; para que haga con él lo que quiera. Y él lo sabe. Sabe que eres suya, su puta, su zorra y te trata como tal, como tú quieres que te trate. Como tú le suplicas que te trate.
- Hazme tuya, hazme tu puta, cariño -le has susurrado.








Y te ha hecho suya, aunque antes he tenido que excitarlo, chuparle la polla porque le gusta que quede claro entre nosotros que él es el macho Alfa, el macho dominante y yo sólo su putita sumisa. Te puso esa condición y tú aceptaste.
- Haz lo que él quiera, cornudo, o te dejo.
Y no me has dejado. Afortunadamente.

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