viernes, 12 de abril de 2013

Me castigas con tu indiferencia

A veces el peor castigo no es la fusta o el látigo, sino tu indiferencia. Cuando no me miras, no me posees, no me dices que soy tu zorra. Siento que ya no me quieres pues últimamente no me haces casi, ni me azotas, ni me llamas tu puta, ni me follas, ni me usas...Nada. Sé que estás muy ocupado pero podrías tener el detalle de una carantoña con la fusta, una caricia con el látigo, un beso con tus bofetadas, una caricia con tu polla.

Pero no me haces caso, mi Amo y me siento abandonada y sola. Me pongo en posición sumisa para esperarte, pero pasas sin verme por mi lado. Me voy a la habitación para esperar a que salgas de la ducha y tampoco me haces caso. Vas a lo tuyo. Se te ve preocupado, pero tu indiferencia me castiga más que el mismísimo látigo.

Ya no sé qué hacer para llamar tu atención y hoy mismo he ido a tu casa y te lo preguntado.
- ¿Qué nos ocurre?
- Nada - me has dicho. Estás castigada - has añadido.
- Por qué.
- Porque te has puesto en tu coño unos anillos que yo no he autorizado.
- Era el regalo por nuestro aniversdario. Un regalo para ti
- De todas formas -me has respondido muy serio.














1 comentario:

Devastiel dijo...

Ya no recuerdo dónde, pero una vez leí, que no hay peor castigo para una sumisa, que no ser castigada.
Un saludo.