miércoles, 3 de abril de 2013

Somos sus dos putas


LUNES.- Cuando he llegado a casa te he encontrado muy feliz. Me has mirado con tus ojos verdes y me has sonreído.
- Puedes besarme -me has dicho

Y te he besado con fruición, aunque también he besado y lamido el semen de tu amante.
- Está duchándose -me has aclarado.

Aunque no hace falta que me aclares nada porque viene cuando quiere, te coge, te usa, te folla y se va. A veces ni habla contigo. No te dice nada. Lo hace porque sabe que puede hacerlo, que tiene ese poder. Tú se lo has dado y él lo ha cogido. Te usa a su arbitrio y capricho y tú lo dejas. E incluso lo animas.
- Es de esos hombres que no tienen que pedir permiso -me explicaste el primer día-. Lo hacen y punto. Sin dar explicaciones. Los dos lo sabemos. Sabe lo que es suyo, de su propiedad, sin necesidad de títulos. Lo sabe y ejercita ese derecho. Aunque estés casada con otro. Las mujeres sabemos que estos hombres, estos machos, son así. Y nos gustan a rabiar, aunque nos casemos con tipos como tú.

Yo también lo sé. Un día te dijo que quería verme travestida, que fuera su putita y tú dijiste que sí, que lo que él quisiera. Ahora siempre que viene me vistes de puta para que me use y me trate como tal. De hecho ahora mismo me estás vistindo para él, antes de que salga de la ducha.
- No quiero que se enfade -me ha dicho.

Y me he dejado vestir por ti de putita y me has hecho fotos en distintas posturas de puta y zorra para que cuando salga de la ducha me encuentre así, de putón verbenero y pueda sentirse más macho al saber que tiene sometido al marido de la mujer que se folla.
- Estos machos son así, cariño, ya lo sabes. Los dos lo sabemos. Y ahora vamos a la ducha a chuparle la polla.

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