viernes, 14 de junio de 2013

Porque me gusta sentírteme usada, ser tu puta, tu perra, tu zorra caliente...

Te veo todos los días en la cafetería en la que desayunamos  los compañeros de trabajo y veo que sigues como siempre. Que te crees muy macho, de esos que no preguntan si estás casada o si tienen derecho a follarte. Crees que tienes ese  derecho y quieres hacerlo, pero no lo vas a conseguir. Te  lo dice una que se llama María  y ha toreado con muchos machos como tú. Y en muchas plazas.
El primero fue  un chico en el instituto.

Él fue  el primero en meter su mano bajo mi jersey sin separar su boca de la mía; despacio, muy despacio. Creo que en ese parque sentí la primera excitación sexual, tan intensa.  Pero a los pocos días ya se mostró tan inmaduro, tan insulso, taaaaaaaan necio; que a partir de entonces sólo consideré a los hombres seguros de sí mismos. Lo dice una mujer que cumple hoy los 45 años y sabe lo que quiere.


Me gustan los hombres seguros. Me gusta sentir que el macho me desea, y  me busca, y me coge porque sabe que no me puedo resistir, sabe  que me gusta lo que me dice y lo que me hace. Que me da placer o me dice que se lo dé a él, sin miedos, con esa actitud convencida de que no habrá rechazo. Pero tú no eres uno de ellos. Tú eres un chulo de mierda.

Aunque siempre que te veo cómo me miras; como te exhibes gallito con esa seguridad del que está convencido de tener el derecho a hacerme tuya, mojo mis bragas. Es cierto. No me lo puedo explicar. Ni evitar. Sé que eres un canalla que te follas a todas las chicas que conoces, que no hablas mucho porque no lo necesitas, estás seguro de ti mismo y sabes que tienes derecho a montar a todas las hembras que te salen al paso.

Y lo haces. Me han hablado de ti. Pero conmigo vas a pinchar en hueso, querido. Aunque mojes mis bragas nada más verte. No lo vas a conseguir  porque yo soy distinta, de otra pasta. Aunque me masturbe en la oficina constantemente pensando en ti. No importa. Eso es normal.

Pero conmigo no puedes. Aunque te acerques y me sonrías. Aunque me mojes otra vez el coño y me lleves a un orgasmo sin tocarme. Me tienes excitada constantemente con sólo mirarme. Y tú lo sabes. Y yo sé que tú lo sabes. Los dos lo sabemos, pero voy a ser dura, no me voy a dejar llevar por ti, por esas ansias que tengo en mis entrañas de abrazar tu polla, de meterla dentro de mí y que me hagas tuya para abrirme en canal.

Quiero que me abras entera y me penetres, me hagas tuya y me folles pensando sólo en tu placer porque me gusta sentírteme usada por ti, ser tu puta, tu perra, tu zorra. Eso quiero, pero no te lo digo. No lo sabrás jamás. Eso lo dejo para mis masturbaciones en los aseos del trabajo. Aunque te acerques a mi mesa y me regales una rosa. No vas a poder conmigo. Miraré para otro lado. Te la cogeré, pero miraré  para otro lado, porque sé que si te miro me puedes.

Y me has mirado en la cafetería. Y te he mirado, te he aguantado  la mirada. Qué te creías.  Y  cuando has salido de la cafetería he dejado el almuerzo a medio, he pagado y  he ido detrás de ti. Ni tan siquiera te has vuelto para ver si te seguía. Dabas por seguro  que iba a seguirte. Lo sabías. Y cuando has entrado en el hotel   he subido detrás de ti a la habitación y una vez dentro te has sentado en la cama y me has mirado. Y yo me he desnudado, me he dado la vuelta y he bajado las bragas para enseñarte mi culo. Pienso que me gustaría que lo azotaras, pero no lo te digo. Jamás lo sabrás.

Pero tú me has arrancado la ropa y me has follado sin decir ni una palabra. Podría decirte que me has violado, pero no sería cierto porque yo te incitaba a que me follaras duro, sin tregua, sin pausa, sin mimos, sin compasión. Sólo me he atrevido a decir: “Destrózame el coño, por favor”. Sólo eso. Y luego…


Y luego no has permitido que me corra,  has sacado tu polla mojada y humeante de mi coño y me has puesto a cuatro patas para obligarme a caminar por la habitación moviendo mi culo de perra salida. Y eso he hecho. He caminado a cuatro patas por la habitación moviendo mi culo delante de ti, suplicándote que me montes como un  buen macho, que me folles, que me penetres, que me hagas tuya.

Te lo he suplicado con el olor de mi coño mojado pues la  excitación, mi deseo de perra, moja mi coño y cae por mis muslos. Y tú lo ves, cabrón.  Fóllame el coño, por favor, te lo suplico. Eso te digo sin hablar, moviendo mi culo en círculos para que veas mi coño de yegua, los labios húmedos de mi coño mientras paseo a cuatro patas delante de ti como una perra en celo.

Así que sigo suplicándote con el movimiento de mi culo, por favor, que me hagas tuya, que me folles y que  no tengas piedad. Estoy a punto de correrme sin tan siquiera tocarme. Me siento humillada moviéndome por la habitación a cuatro patas, delante de ti, como una yegua que suplica se montada, poseída, emputecida y follada sin piedad.

No tengas piedad, te digo, sin decirte. Te lo digo con mi coño que sé que ya brilla por la excitación de yegua abierta para ti, para que me folles, me uses y te sirvas de mí.  

Te lo suplico. ¿Es que no me ves? Mi coño te pide que lo folles, joder, pero tú sólo me miras y te complaces en el placer de tu posesión. Y no dices nada. Te recreas con el poder de saber que me tienes, pero no me tienes, que le sepas. Porque me levanto para irme. No vas a poder conmigo. Me visto rápido y me acerco a la puerta.

Sé que me vas a llamar y no vas a dejar que me vaya. Pero no dices ni haces nada. Y me he vuelto para mirarte altanera, con soberbia, para que aprendas que a una mujer como yo hay que respetarla. Y te he visto ahí, con tu torso desnudo, el bulto en tu pantalón y el cinturón en la mano.
Eres un cabrón. Lo sabes.

Porque me he vuelto a desnudar rápido, he cogido una almohada y la he puesto bajo mi sexo con el fin de que mi culo quede más alto, más expuesto y más ofrecido. Sé lo que quieres hacer y no me resisto. Es más, me sorprendo a mi misma suplicando. Suplicándote que me azotes el culo por haber sido una niña mala, por haber querido huir de ti, bribón que me tienes cogido el coño y lo has hecho tuyo. Sé que me vas a azotar, pero no lo haces.

Estás quieto, callado y me imagino lo que quieres. Quieres que te suplique, que te pida que me azotes el culo y eso sí que no. Nunca. Jamás. No te suplicaré...aunque quizás sí te lo pido por favor, con la voz baja.  Por favor, te suplico en voz baja. Aunque sólo un poquito, dame unos azotes flojitos que finalmente me das y recibo con un quejido. De placer. El trallazo me ha recorrido la espina dorsal y ha llegado a mi cerebro y de allí directamente a mi coño. Y me he movido para ofrecerte más el culo y esperar el siguiente.

Pero no llega. Tardas.

No sé a qué esperas. Más, cabrón, azótame más fuerte, me he sorprendido diciéndote. Suplicándote. Fíjate. Yo que soy una chica formal, educada y muy fina, me veo aquí desnuda, con el culo ofrecido y suplicándole a un chulo con el que nunca he tratado que me azote el culo. Me has convertido en una perra, cabrón, pero te deseo.

No lo puedo evitar. Hazme tuya. Que cada azote deje la marca  en mi culo de que soy tuya. Deja tu huella en mi culo, la marca de tu posesión. Hazme tuya con los azotes, te lo suplico. Eso te he dicho casi gritando, suplicando porque estoy a punto de correrme y sólo me has dado un azote.

Así que cuando finalmente comienzas a azotar mi culo, de veras, me corro a lo bestia  entre gritos, suspiros y gemidos. Has conseguido que me corra mientras me azotas el culo, cabrón, que no sabes cómo te odio. Te odio porque cuando has parado de azotarme, cuando has visto que la sábana estaba mojada bajo mi coño porque mis jugos salen en borbotón por mi raja, me has cogido, me dado la vuelta,  has puesto mi culo rojo y dolorido sobre la cama y me has penetrado. Y no he podido evitar volver a correrme en cuanto he notado tu polla en mi coño. Sólo con que metas la punta en mi coño ya me corro, cabrón. Te odio por eso. Te odio porque tengo un orgasmo tras otro. Y otro. Ya no sé cuántos llevo, he perdido la cuenta y el sentido.  



Sabes que soy tuya,   que mi coño es tuyo, que mi coño te pertenece, que puedes follarme cuando quieras, como quieras y donde quieras.   Y lo has hecho sin decir ni una palabra. Sabes que tiene ese derecho que nadie te ha concedido. No lo necesitas. Lo tienes. Y lo sabes. Eres un hombre de verdad, un macho. Pero no te hagas ilusiones: jamás te lo voy a decir.

Podrás follarme cuando quieras, donde quieras y como quieras, tratarme como tu puta zorra, pero nunca vas oír decirte que soy tuya, que mi coño te pertenece y que puedes hacer con él lo que  quieras. Que soy tuya. 

Porque lo sabes y cuando me haces un gesto con la mano me arrodillo delante de ti, cierro los ojos y abro la boca para que metas tu polla y me la folles. Para que te sirvas de mi boca como tu coño de placer. Tuyo. Sólo tuyo. Mi boca es  tu coño y lo usas para darte gusto. Pero jamás te lo diré, aunque ya me tengas de rodillas con la boca abierta, esperando tu polla y con el culo rojo y dolorido. Yo misma me he arrodillado y he abierto la boca. No me conozco. Y cuando te has corrido me he tragado todo tu semen.

Y no has dicho nada. Te has vestido y has salido. Ni te has despedido. Y cuando he vuelto a la oficina con  las bragas y el coño lleno de tu leche, todavía me dolía el culo. Y todavía me duele al sentarme o al moverme, pero inexplicablemente estoy mojada. Muy mojada. Ya he buscado por Interner un regalo que te quiero hacer, sin que tú lo sepas. Te lo enviaré a casa sin remite.

Es una silla para que no tengas que estar de pie mientras te follas mi boca. Sé que te va a gustar, aunque no te lo mereces. Pero también sé que a partir de ahora me preferirás a mí, antes de todas esas putas con la que follas. Porque yo soy única. Los dos lo sabemos.

Y no me voy a quitar las bragas.  Esperaré a que llegues de nuevo a por tu chica y te la folles. O la azotes. No sé…

1 comentario:

laura f dijo...

Al fin has entendido que lo unico que deseo es que seas un cabron conmigo y hayas entendido que lo único que deseo es tu polla en mi coño siempre

No me importa que folles a otras yeguas,me sentié orgullosa que prueben el pedazo de verga que tienes y compartirla con otras perras es un acto de generosidad hacia ti,como debe de ser.

Me gusta tener tu leche en mi coño durante dias sin lavarmelo y pasear por las calles oliendo a ti,a mi macho,a mi macarra,esperando pacientemente que te vuelvas acordar de mi coño y me la metas sin piedad,por que soy tuya en cuerpo y alma y tienes ese derecho de usarme cuando te salga de los cojones.

Laura Fornes