lunes, 29 de febrero de 2016

Aprendiendo a ser tu perra (1)


Lo conocí de forma casual, aunque eso es lo de menos. Un día, un día cualquiera, comencé a intercambiar alguna que otra palabra, un ¿hola, un que tal? y poco las conversaciones se fueron haciendo menos triviales, más profundas, hablábamos de todo, de nuestros gustos, de nuestra manera de ver la vida y dentro de ella nuestros gustos en el terreno sexual.

 Ese hombre me inspiraba confianza, así que decidí contarle mis deseos más intimos, mi fantasia más deseada: Buscando mi propia sexualidad, cansada ya de un mundo siempre igual, mi mayor deseo era entregarme a un hombre, ser su sumisa, sentirlo conmigo en todo momento, ser su exclava, sentirme suya, y servirle para darle placer. Sorprendentemente él me comentó que conocía un poco ese mundo, que me podría orientar sobre él.

Sí ya me sentía muy cómoda con él ahora ya despertaba si cabe más interés; quería saber, conocer sus experiencias, me excitaba tenerlo delante y escuchar sus historias, cerraba los ojos y me imaginaba que

yo era aquella esclava sumisa de la que gozaba, aquella perrita que estaba a disposición de su amo. Tras varios días de conversaciones, me propuso algo, me propuso que si deseaba podía probar, sentir en mis carnes lo que es ser una esclava, una sumisa, una perrita, su perra.

Me advirtió que no todo el mundo era capaz de lograrlo, pués se requería una entrega absoluta a la voluntad del Amo, a servirle para darle placer, pués al hacerlo ella sentiría placer, mucho, muchísmo placer. Me dió un sobre, piendo que lo abriera al llegar a casa. Así lo hice: una dirección, una llave, una fecha y una hora. Ese día me temblaban las piernas, sentía temor pero el deseo la excitación hacian que me olvidara de él.

Me sentía como una puta, una puta que iba a una cita sin saber nada de lo que alli pasaría. Miré aquella casona, me quedé un momento parada, las sensaciones eran indescritibles, ganas de salir corriendo y ganas de ser su perra, su puta , aunque solo fuera unas horas. Tome la llave, abrí la puerta y allí en el aparador de la entrada había un sobre, unas nuevas instrucciones. -Sube las escaleras, entra en la tercera puerta de la derecha, quítate las bragas, levanta la falta y espérame así . Cuando entre lo primero que quiero ver es tu culo en pompa, separa tus muslos y permanece así el tiempo que me de la real gana.

Es mi primera orden. Otra cosa: ni zapatos, ni anillos, ni ningún tipo de adorno. Las perras no llevan cadenas , y si las llevan se las pone su Amo.

(Continuará)

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